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Sala Heineken 30-10-2009Conciertos Gira Utopía, 2009
Asfalto HistoricoAsfalto - Concierto Rivas

Archive for the ‘Post Julio’ Category

El tres de julio de 2009 Asfalto registraba en el Teatro Pilar Bardem de Rivas, el concierto que dio lugar a la edición de lo que, hasta ahora, es el último trabajo publicado por la banda: “Al Fin Vivos”.

Hoy se cumple un año de aquel concierto tan especial, de él todos guardamos un excelente recuerdo. Pero, sobre todo, lo mejor: lo podemos visualizar cuantas veces queramos; hoy, mañana, dentro de un año, de dos, de diez, de veinte… En definitiva es algo que ha quedado ahí para la posteridad y que muestra, y mostrará para siempre, un grupo cohesionado que, a criterio de todos, es dignísimo portador de uno nombres de más larga trayectoria dentro del rock en español, como es Asfalto.

Por supuesto que nos hubiera gustado hacerlo con más medios. Cierto que sobre el escenario podíamos haber puesto más elementos que contribuyeran a un espectáculo técnicamente más dotado. Pero de lo que todos estamos seguros es que lo que sucedió, en términos de emotividad y sentimiento por parte de los que los que allí estuvimos, fue insuperable.

Todo el grupo da las gracias a aquellos que lo hicieron posible; muy especialmente al público que acudió a participar y que fue tan protagonista como nosotros mismos. Ellos también han quedado inmortalizados.

Asfalto.

Como Alcalde vuestro que soy, os debo una explicación, y esa explicación os la voy a dar…” Esta frase es una de las más populares de la historia del cine español. Perteneciente a la película del maestro Berlanga: “Bienvenido Mr. Marshall” (1953). El genial actor Pepe Isbert, la pronuncia como alcalde desde el balcón del ayuntamiento ante sus vecinos. Aquellas imágenes retrataban perfectamente la vida de miles de pueblos, todos casi idénticos, de aquella deprimida España en blanco y negro. Villar del Rio, nombre del pueblo en la ficción, no era otro que Guadalix de la Sierra, y desde aquel mismo balcón, de la misma fachada, del mismo ayuntamiento (que aún hoy se conserva) hace sólo un par de años, el que escribe tuvo el honor de ser invitado para dar el pregón de fiestas; cosa que era la primera vez que alguien me pedía que hiciera, y accedí con la condición de darlo en verso. Pues bien, si me fuera posible convocar a todos los amigos de Asfalto en una plaza pública, y tuviera un balcón desde el que dirigirme, yo también empezaría por una frase idéntica a la que empleó el guionista de la película.

El 19 de marzo pasado, hicimos el último concierto de cuantos habíamos planeado hacer en invierno. Sin que se tomara aquella fecha como la apertura de un periodo de vacaciones, sí que es cierto que se sentía en el ambiente la necesidad de hacer un paréntesis después de casi tres años de actividad ininterrumpida. No es que habláramos de ello, pero si es cierto de que probablemente el grupo lo estaba pidiendo a gritos. Está bien tener momentos de calma en los que reflexionar, tomar distancia, ver dónde estamos y decidir hacia dónde vamos. Y así ha sido que las noticias por nuestra parte se han diluido, y no entrábamos en el foro porque no había nada que contar, actividad que reseñar, en definitiva nada que decir.

Pues bien, ese tiempo de receso acabó. Hoy se cumplen dos meses y toca volver al tema. Este viernes nos reunimos todos para planificar y para ver cómo encaramos la nueva temporada, que, como habréis visto ya tiene fechas de conciertos (ver en la web); menos que el año pasado, pero aún se sumarán más.

Hay quien comenta en el foro que mereciéramos figurar en carteles importantes y visitar ciudades grandes. Cómo deciros que si no estamos en esos carteles es porque los organizadores no han querido contar con nosotros. Para estar en las programaciones de las ciudades importantes, se ha de tener mucha repercusión mediática ¿Alguno de vosotros ha visto imágenes de nuestro DVD por TV? ¿Ha escuchado nuestro disco en las grandes cadenas? Por supuesto que no.

Queridos amigos esto no es nuevo, Asfalto casi siempre sufrió el silencio de los grandes medios. También la discriminación de algunos sectores del rock que consideran lo que hacemos poco musculado como para portar muñequeras de cuero. Sin embargo resultábamos muy duros para el público pop y algo estridentes para millones de seguidores de música “ligera”, esa que suena pero que no se escucha. Y, tal vez, tampoco  fuimos lo suficientemente etiquetados intelectualmente como para que nuestra poesía se sentara al lado de la de los cantautores. En resumen: hemos tenido de unos y de otros, pero de ninguno. En tierra de nadie.

Y así, con esas hechuras, este grupo pudo sostener difícilmente el tipo durante años; y se murió de inanición en varias ocasiones; y cada resurrección lo fue porque yo volvía a darle vida, dejando en ello parte de la mía. La gloria nos cerró sus puertas una y otra vez con cada regreso, con cada nueva etapa. Es por eso que seguimos en el “underground”, dónde siempre hemos estado, ¿A quién puede extrañarle? Es por ello que ahora recogemos frutos similares a los que ya obteníamos en otros tiempos, es decir: tocar para un público maravilloso pero que no crece, más bien se jubila.

De verdad creerme si os digo que cada vez que Asfalto hace un disco o da un concierto en directo, lo hace venciendo enormes dificultades. Sé de lo que hablo. Aún me sorprendo y me parece mágico que, cuando nos subimos al escenario, consigamos que toda la desdicha se transforme en algo sublime. Me conmueve que seamos capaces de construir tanta pasión compartida, es como un milagro que esto siga sucediendo después de tantos años de lucha.

Definitivamente ya no espero nada. Pero a veces tengo el sueño de que puedo morirme de viejo sobre un escenario. Sigo pensando que la mejor canción la tengo aún por componer, y esa es la fuerza que me lleva a escribir música, textos, en definitiva a expresar lo que siento; justo lo que estoy haciendo ahora mismo.

Me hubiera gustado mucho trasmitiros toneladas de ilusión, y deciros que todo es magnífico y que nos espera un futuro esplendoroso; pero no puedo a esta edad, ni engañarme a mí mismo, ni mentir a nadie: Asfalto no significa nada fuera de vuestros corazones, y del mío, y del de mis actuales compañeros a los que quiero, y a los que pido perdón por empujarles hacia una ilusión que es sólo una invitación a un viaje que probablemente nos lleve a ninguna parte.

Quiero terminar por dónde he empezado, “Como Alcalde vuestro que soy, os debo una explicación, y esa explicación os la voy a dar…” Y ya os la he dado. Tiene razón el forero, no es mentira que estos ya casi tres años, los dos discos y los más de cincuenta conciertos que hemos hecho, hayan sido un sueño, porque es cierto: lo ha sido. Pero me da que todos lo hemos vivido bien despiertos; con lo cual, corremos el riesgo de que sigamos soñando… a no ser que nos quedemos dormidos. Os prometo que por mi parte voy a intentar seguir despierto.

Un abrazo a todos.

Julio Castejón.

http://www.youtube.com/watch#!v=A2l-CDgdKkY&feature=related

Dicen que el sentido positivo en la vida se manifiesta cuando al cumplir años, nos alegramos de hacerlo. Por contra otros piensan que darle vuelta al calendario nos sitúa mas cerca del final. A mi me entran dudas de qué parte estoy… Y es que no tengo tan claro que la vida pueda ser valorada sólo en terminos cuantitativos: ¿para qué una vida larga si vacía de contenidos? Definitivamente me pongo del lado de los que sostienen que la vida hay que llenarla hasta rebosar con ilusiones, con proyectos, con viajes, con afectos, con pasiones… Y que dure hasta cuando quiera durar.

2oo9 nació con un enorme caudal de ilusiones y esperanzas respecto a lo que, hoy por hoy es el centro de mi mayor atención: Asfalto. Por primera vez en mucho tiempo, contábamos con una poblada agenda de conciertos; algo a celebrar para los tiempos que corren. Había alegría en la banda, por ello y por dos posibilidades: viajar a América y grabar el tan esperado directo. La primera se frustró, una vez más… y la segunda fuimos capaces de llevarla a cabo sólo forzando la situación hasta limites que nos llevaron a realizarla en un teatro cerrado, un 3 de julio con cerca de 40º en el exterior. Pero bueno, a pesar de los inconvenientes, la gente estuvo allí y el proyecto se hizo realidad, lo tenemos: “Al Fin Vivos”. ¡Por fin vivos…! Estamos satisfechos y contentos pues contamos con un documento en el que se ve reflejada toda la fuerza que el grupo ha mostrado este año sobre los escenarios.

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El verano estuvo pleno de actividad. Concierto tras concierto la banda fue madurando; tanto así que en los últimos, el grupo ha alcanzado niveles de ejecución sólo equiparables a los mejores momentos de su historia; doy fé de ello porque no me he perdido una sola gira desde 1974, es decir: estuve en todas. Lo mejor ha sido el reencuentro con miles de seguidores que tienen Asfalto en su memoria y en su corazón, yo no menos; lo peor, que son pocos los jóvenes que se muestran interesados por la música que hacemos. Seguimos sufriendo el silencio informativo que los medios generalistas nos dispensan, algo a lo que debiéramos estar acostumbrados pero que nos impide crecer en número de seguidores dispuestos a acudir a nuestros shows, lo que se traduce en dificultades que atentan contra nuestra permanencia como proyecto profesional.

Comineza 2010, un año nuevo para el que no me atrevo a hacer pronósticos. Espero y confío que el grupo siga manteniéndose unido, todos juntos convencidos de que esto es un poco ecuestión de charle un pulso al tiempo y que nuestra música vaya ganando día a día presencia y notoriedad, sin dejar de ser como somos haciendo lo que hacemos con la misma ilusión del que empieza. Me he pasado la vida empezando y al final siento que no es tan importante la meta, sino el viaje en sí mismo.  

Feliz Año Nuevo a todos.

Julio Castejón.

El otro día me escribió un amigo pidiéndome que le hablara de cómo hicimos “Rocinante”. Sé que hay autores que son un tanto opacos a la hora de dejar traslucir el por qué, el cómo y el cuándo nace su canción. No es mi caso. Para empezar, debo decir que el sentido de la propiedad lo tengo un tanto confuso, pues, como dije en otra ocasión, las canciones, al igual que los hijos, se traen al mundo pero cobran vida propia y en poco podemos intervenir. Aclaro que esto nada tiene que ver con el tan manoseado asunto de la propiedad intelectual, que ahí sí que lo tengo muy claro: tan propiedad es un tangible como un intangible y recrimino de igual forma al que se apropia del uso, tanto de lo uno como de lo otro, sin la autorización de su legítimo dueño. El sentido confuso -mejor emplearé la palabra difuso- al que me refiero, tiene que ver con algo que está mucho más allá de lo que representa un título de propiedad. Nos es propio un paisaje, un pueblo, una calle, unos amigos, etc. Todas esas cosas las asumimos como propias por la capacidad que tienen, o tuvieron, de adornarnos la vida,y por ello permanecen junto a nosotros para siempre; al menos mientras nos queden recuerdos que recordar. Somos muchos los que tenemos alguna canción que hemos hecho cosa propia porque ha quedado adherida a la banda sonora de nuestra existencia. Como autor no tengo reparos en informar del origen de una canción pues no creo que por ello, la magia que pueda haber en ella, se diluya lo más mínimo; y creo que, hacerlo, sacia apetitos cognitivos que para nada hay por qué reprimir. Ya me gustaría a mí saber qué inspiró, y en qué momento, “The Long And Winding Road” a Paul McCartney, o “Mediterráneo” a  Serrat. Por tanto, sin complejos de ningún tipo, voy a ello:

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La canción “Rocinante” nace en 1977. Es justo decir que la idea parte de José Luis Jiménez, a la sazón bajista de Asfalto. Por entonces el grupo estaba en efervescencia total. Tocábamos mucho y cada concierto aumentaba la gente que acudía a escucharnos. Aún así, es necesario hacer constar que eran los años del “Saturday Night Fever” (que es lo mismo que decir el auge de la música bailongo-discotequera) y las discográficas españolas, y la mayoría de los medios, estaban en otra sintonía que nada tenía que ver con el auge del rock. Eran los tiempos del gran cambio político y la cultura del rock era ya un movimiento creciente entre cierto sector de la juventud más inquieta; algo que, por primera vez, resultaba un hecho evidente dentro de nuestras fronteras. Asfalto, que ya se le reconocía dentro del grupo de bandas que practicaban este estilo, optó por situarse, si cabe aún más, a contracorriente, llevándole la contraria a las tendencias imperantes; tanto así, que nos embarcamos en el desarrollo de una obra conceptual: una ópera rock al estilo “Quadrophenia” de los Who. Y todo ello sin saber ni cuándo ni cómo llegaríamos a estrenarla.

El argumento de la obra giraba alrededor de un individuo insatisfecho con la vida que vive, un paria cuyo día a día transcurre sin encontrar alicientes; que curioso ¿cuánta gente está en esas circunstancias en los tiempos actuales?… El personaje en cuestión, bajo un no citado agente externo, tiene la vertiginosa experiencia de protagonizar un viaje astral a través del cual observa la realidad bajo una percepción irreal pero que, a su vez, también resulta ser sublime.

Tras la obertura “Quiero Irme”, “La Huida” (cortes 1 y 2 de la suite que abre la cara “B” del primer L.P.),  el protagonista visita lugares y mantiene encuentros con seres que son reflejo distorsionado de sus propias angustias y de sus anhelos existenciales; así visita “La Isla del Amor”, paraíso utópico del amor libre (penúltimo corte de la cara “B” ); se sumerge en un caótico “País del Consumo”  (inédita) para, siguiendo su viaje, tener un encuentro con un caballo alado que dice ser “Rocinante”…

Nada más nacer la idea musical, a cuya creación contribuimos todos los Asfalto, tuve la sensación de que, de aquel arpegio en Sol y de las líneas melódicas que lo acompañan, emanaba un enorme sosiego. La idea nos cuadraba perfectamente para musicalizar un encuentro en un lugar de paz infinita. El protagonista, siguiendo su periplo, se sorprende de la imagen de un caballo ingrávido que flota en el espacio e inicia conversación con él; éste le habla del mito caído, su dueño, Don Quijote, quién denuncia que ha sido absorbido por el sistema. Termina argumentando el sentido de su ineludible destino: ser el símbolo de la derrota de la fantasía y la imaginación, a manos de la cotidianidad y del sentido práctico imperante en la vida de nuestro tiempo. Al final, se proyecta un mensaje optimista y solidario cuando el protagonista dice: “abre tus alas al viento, iré contigo más allá…” que es expresión de la fuerza que se puede alojar en un individuo que está decidido a llevarle la contraria al destino.

Lamentable o afortunadamente, cuando estábamos desarrollando la obra, se nos presentó la oportunidad irrenunciable de grabar. Había que hacerlo ya o permitir que el tren pasara sin subirnos a él. Ese fue el motivo por el que sólo se registrara una parte de la obra proyectada, dándose a conocer en forma inacabada e inconexa.

Es por ello que, aún a riesgo de desmitificarlo, públicamente siempre califiqué el primer L.P. como un trabajo un tanto abstracto e incoherente; por supuesto que la gente no lo percibió así; ahí está, consolidado con el paso de los años como ejemplo paradigmático del rock urbano nacional, etiqueta que acepto pero que no del todo comparto como forma de clasificar nuestro estilo de por vida; bajo mi punto de vista bastante más amplio.

Julio Castejón.

El 25 de agosto pasado cumplí cuarenta años sobre los escenarios, entendiendo que esa es la fecha de la primera vez que me pagaron por tocar, y sólo por ese detalle, fijo ese día como el de mi bautismo profesional. Cierto que en aquellos años yo no lo era, ni tan siquiera aspiraba a serlo aunque era factible vivir de la música si te integrabas en un grupo de los que se movían para conseguirlo; de hecho había mucha gente que no dejaba nunca de tocar, músicos que se consideraban más o menos bien retribuidos.

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Por entonces, raro era el pueblo que no contaba con un salón dónde la gente acudía los fines de semana a bailar, por supuesto que con la excusa de entrar en “contacto” con la otra mitad de la especie. En todos esos lugares se hacía necesario contar con un grupo o una orquesta que aportara lo esencial: la música. En la foto de arriba “Handicap”, mi primer grupo, actuando en uno de estos locales de los que hablo (soy el primero por la izquierda). La gente se divertía y sentía mucho aprecio y respeto por lo que el músico representaba, en definitiva, sin él, sencillamente no había música.

En los primeros años 70, comenzaron a montarse por toda la geografía ibérica discotecas, “boites”, se les llamaba. Eran salas enmoquetadas que disponían de una pista delimitada sobre la que se concentraba la presión sonora; a su alrededor zonas provistas de sillones acolchados bajo luz de penumbra que propiciaba el anonimato,y con ello el deseo, mucho más esencial que la música misma. Los dueños de aquellas salas comenzaron a descontar músicos pues no tenía sentido contratarlos para hacer lo que ya hacía el tocadiscos. Ahí comenzó el drama para miles de profesionales de la música. “Siempre mendigando un sitio para tocar…”

Con la llegada de la democracia, tampoco se arreglaron las cosas. Ningún poder articuló ley alguna que obligara a poner músicos en las salas donde la música fuera el reclamo fundamental. Y hubo que aceptar que la batalla definitivamente estaba perdida: músicos apartados por la música enlatada, ese era el titular. Cuando regresé del servicio militar, “Handicap” había optado por refugiarse en Galicia dónde, al parecer, aún había cancha para hacer “bailongos”. Yo no acepté eso porque para la mí la música era otra cosa y no me veía procurando ruido de fondo sólo para que la gente bailara sin mirar al escenario.

Cuando una tarde de la primavera del 74 José Luis Jiménez me llamó a casa, ya tenía claro que mi camino a seguir iba a ser otro bien distinto. Y lo fue, ya lo creo. Asfalto hizo que pudiéramos soslayar las penurias del músico profesional de aquellos tiempos. Y lo hicimos a base de pisar escenarios con rabia y sobre todo con el convencimiento de que la música era algo más que un ruido de fondo. Pero no todo el mundo puso la energía y la determinación que pusimos nosotros en el empeño. Muchos compañeros siguieron aferrados a hacer lo que sabían: tocar y entretener a la gente, sin ir más allá. Muchos aplaudieron nuestra subversión y nuestro mérito.

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Pues bien aquello ni de remoto vislumbraba la frustración que hoy representa ser profesional de la música. Sin duda todo está mucho peor que nunca. Porque sí. Siguen surgiendo vocaciones entre los jóvenes, y es que el que decide ser músico lo hace obedeciendo un sentimiento difuso y profundo que dista mucho de ser reflexivo. Pero la realidad es que hay iniciativas musicales que nacen y mueren en los locales de ensayo sin la menor opción de alcanzar un escenario en el que materializarse. Antes, en mayor o menor medida existía demanda, ahora existe hastío. Los chicos que empiezan lo tienen infinitamente peor de lo que lo tuvimos nosotros. Ya no existen salas que contraten, ni tan siquiera “baretos” en los que, al menos, poder exponer creatividad. La cosa en este tipo de ruidosos locales está tan cruda que, si no propones tributos a artistas consagrados, no te dan cancha.

Tampoco lo tienen mejor las orquestas que todo este tiempo han vivido de actuar con cargo a presupuestos municipales. Los ayuntamientos han reducido el gasto, y lo peor puede que aún esté por venir. Se constata que este año han desaparecido muchas formaciones, algunas tras muchos años de carretera. Orquestas en paro es igual a precios a la baja. Deflación mortal.

Las “figuras”, en el ámbito profesional más conocidas como “atracciones”, igualmente han visto como se les han caído cuantitativamente sus shows en  las programaciones veraniegas. Y es de entender porque no se sostienen esos cachets desmesurados que sólo se han soportado por ir con cargo al “presupuesto”, porque si tuvieran que financiarse contra la venta de entradas, las cuentas arrojarían déficit en la mayor parte de los casos. Normal que el recorte también les afecte a ellos, lo peor es que esta caída arrastra a los músicos que les acompañan.

En definitiva, de seguir así, me temo que la profesión de músico se extinguirá pasando a ser una simple afición y poco más. Pero no es objeto de este “post” trasladar en una Web como está una queja pública, para nada. Escribo esto porque quiero dejar claro que amo esta actividad y me siento solidario con tantos y tantos amigos músicos que, a día de hoy, dudan entre continuar o dejarlo. Es cierto que la música nos da otras cosas pero, que quede claro, que se sepa: la mayor parte de los músicos de este país lo pasa muy mal cada vez que mete su instrumento en el estuche y se dirige a casa. Que no todo es fantasía y color, que no todos son divos de color rosado, ni tocan rumbas ni ritmos de actualidad, con éxito; que la mayor parte vive sin encontrar el modo de sobrevivir a esta debacle.

Apelo a quien corresponda para que se eduque a los niños en el respeto por las artes, sean estas cuales sean; a que se les sepa transmitir los valores que estimulan la espiritualidad individual; pido que se les enseñe que, tras una interpretación artística, trozos del alma del intérprete pueden llegar al corazón del receptor liberando emociones, placer supremo que nos convierte en seres humanos plenos; que se les haga ver que la música no es un ruido de fondo, sino más bien todo lo contrario, una expresión que reclama atención.

No sé si se precisan ayudas en forma de leyes, o viceversa; no sé ni tan siquiera quien tiene la culpa de que se haya llegado hasta aquí, ni quien posee en su mano la solucción; pero sí que me atrevo a decir que, de seguir por este camino, conoceremos el día en que murió la música, que cantaba Don McLean en American Pie.

Julio Castejón.